Saber retirarse a tiempo

Desde tiempos muy remotos, en los que prevaleció la comunidad primitiva, el clan y los grupos de hombres unidos por linaje, la preocupación de éste fue dejar un legado tan abundante y rico en conocimientos, que les permitiera a las actuales y futuras generaciones vencer los desafíos, no solo de la naturaleza, sino de todo su entorno, de tal suerte, que pudieran alcanzar su pleno desarrollo.

Los hombres de estas comunidades, teniendo en cuenta la edad y el sexo, hacen una división del trabajo en la aldea, verbigracia, los niños eran cazadores de aves, las mujeres recolectoras y protectoras de sus proles, los jóvenes se dedicaban a la caza y los mayores (los ancianos), a enseñar los conocimientos y habilidades adquiridas a los nóveles. Los ancianos, eran los que formaban el consejo tribal, en donde a todas las situaciones y problemáticas que se discutían y se le daba solución.

El papel fundamental era mantener unida y cohesionada la familia tribal, a sabiendas que cualesquier disgregación debilitaba y ponía en peligro el conjunto, por tanto, los ancianos, eran orientadores, instructores y formadores de conciencia, mostrada con serenidad, humildad y sabiduría.

Jamás, uno de ellos usó su poder o su posición dentro del clan, el linaje o la comunidad, para imponer conductas o amenazar con el destierro o expulsión, a quien disintiera, aun para ese estadio, el respeto a la individualidad, se imponía como regla. Estos hombres eran amados, admirados por todos, quienes se desvivían por el cuido y el mantenimiento.

Estos ancianos tenían la sapiencia suficiente, como para saber que su vida útil, ya había llegado a su fin y se retiraban satisfechos de haber contribuido con el bienestar colectivo, dejando discentes capaces y probos. Los ancianos que así actuaban eran venerados, recordados por generaciones, porque fueron incapaces de anteponer sus intereses personales en perjuicio de la comunidad.

El doctor Balaguer en su obra un cortesano……sentenciaba, que un hombre solo alcanza la inmortalidad, por la obras físicas dejadas a su paso. Pero debemos añadir su arrojo, su entereza, su humildad, su desprendimiento, su constancia, su nobleza y su entrega, su don de conciliador y su carisma; un hombre así, sabe que todo alcanza su clímax, que todo tiene relevo, que nadie es tan imprescindible que no puede ser sustituido, que los tiempos cambian y traen consigo, lo oportuno y lo conveniente, saber retirarse a tiempo, para dar paso a nuevos tiempos, solo habita en un hombre sabio.

Por: Prof. Sergio N. Valera U.
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